La soja retenida vale hasta USD 3.000 millones extra: la apuesta que puede cambiar el segundo semestre
Los productores postergaron ventas récord de soja y acumulan una oportunidad de exportación que podría mover reservas y reactivar la economía.
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía4 min de lectura
Hay casi 12 puntos de atraso en las ventas de soja respecto a la media histórica. Eso no es un problema: es combustible latente que podría encender el segundo semestre.
Según un informe de la Fundación Mediterránea, al 15 de julio los productores habían comercializado apenas el 29,4% de la cosecha de soja, contra un promedio histórico del 41,2%. Es el segundo registro más bajo en 16 años. La cifra no refleja una crisis de oferta, sino una estrategia deliberada de retención.
La aritmética de la espera
Los productores no retuvieron por desidia. Retuvieron porque pudieron y porque convenía. Las excepcionales cosechas de maíz y trigo —62% y 41% por encima de su mediana histórica, respectivamente— les dieron liquidez suficiente para cubrir arrendamientos, insumos y servicios sin necesidad de vender soja.
El diferencial de retenciones refuerza esa lógica: la soja tributa un 24% de derechos de exportación, frente al 8,5% del maíz y el 5,5% del trigo. Con un cronograma de reducción gradual anunciado en mayo y oficializado en junio —que llevará la alícuota al 21% a fines de 2027 y al 15% en diciembre de 2028—, cada mes que pasa puede valer dinero.
A eso se suma una curva de precios con pendiente ascendente: las referencias FOB de la Bolsa de Cereales se situaron en torno a USD 470 por tonelada para julio y USD 488 para diciembre de 2026, una diferencia cercana al 4%. Para quien tiene silo propio y no necesita caja, esperar tiene sentido.
Cuánto dinero está en juego
La Fundación Mediterránea calculó dos escenarios para lo que resta del año. En el más conservador —continuidad del ritmo actual—, las ventas del segundo semestre generarían entre USD 11.592 millones y USD 14.252 millones de valor potencial de exportación. En el escenario de convergencia con el patrón histórico, se sumarían 6,6 millones de toneladas adicionales, USD 2.289 millones más de ingresos para los productores y casi USD 3.000 millones extra de exportaciones potenciales.
Para el Banco Central, la diferencia entre ambos escenarios es crítica. El BCRA lleva meses buscando acumular reservas internacionales, y una aceleración de las liquidaciones sojeras es uno de los pocos mecanismos que puede mover la aguja de forma rápida.
El impulso que necesita la actividad
El contexto macroeconómico le da urgencia al tema. Después de un fuerte rebote en marzo, el EMAE retrocedió en abril y volvió a contraerse en mayo. Una oleada de comercialización de soja no solo engrosaría las reservas: movilizaría transporte, acopio, industria aceitera y servicios, y derramaría liquidez sobre las regiones productivas.
El ministro Luis Caputo descartó en la Exposición Rural nuevos anuncios de baja de retenciones en lo inmediato, aunque afirmó que la reducción de impuestos continuará a medida que crezca la actividad y se sostenga el superávit fiscal. Esa señal condicional mantiene abierta la opcionalidad que valoran los productores.
La Fundación Mediterránea fue clara: un esquema tributario estable y con reducciones permanentes reduciría los incentivos a esperar medidas excepcionales. La retención de soja no es anomalía ni resistencia; es el resultado predecible de incentivos que el propio sistema generó.
La pregunta que desvela al Gobierno no es si la soja se va a vender. Es cuándo. Y de esa respuesta depende en buena medida cómo termina el año.






