El crédito hipotecario vuelve a Argentina: 65.000 familias ya tienen su casa y vienen 20.000 más
El stock hipotecario argentino apenas supera el 1% del PBI, contra el 27% de Chile. Un nuevo programa del FGS busca revertir décadas de exclusión financiera.
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía3 min de lectura
El acceso al crédito hipotecario en Argentina dejó de ser una anécdota estadística: 65.000 familias ya tomaron un préstamo para comprar su primera vivienda desde 2024, y el sistema acaba de encender un nuevo motor.
El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) comienza a colocar recursos mediante licitaciones de depósitos a plazo fijo UVA en bancos, con el objetivo específico de financiar créditos hipotecarios para primera vivienda. Según las estimaciones difundidas, el mecanismo podría traducirse en 20.000 nuevas hipotecas.
El agujero que había que tapar
La brecha es difícil de dimensionar sin comparación: el stock de crédito hipotecario en Argentina apenas supera el 1% del PBI, frente al 27% en Chile y el 50% en Estados Unidos. Dicho de otro modo, un país vecino tiene un mercado hipotecario más de veinte veces mayor que el nuestro en términos relativos.
El crédito bancario total al sector privado llegó al 9,2% del PBI en julio (o 12,5% sumando préstamos en moneda extranjera), según datos citados por el director del BCRA y expresidente del Banco Provincia. Aun así, la distancia con la región es enorme: Perú está en 40%, Brasil en 76% y Chile en 104%.
Por qué ahora y no antes
La explicación estructural es el déficit fiscal crónico. Durante años, el Estado funcionó como un competidor voraz por el crédito disponible: los bancos preferían financiar al Tesoro, con tasas altas y bajo riesgo, antes que prestar a familias o pymes. El fenómeno tiene nombre —crowding out— y consecuencias concretas: el ahorro de los argentinos terminaba financiando al Estado en lugar de viviendas, máquinas o comercios.
El equilibrio fiscal del gobierno de Javier Milei rompe esa dinámica. Un Estado que no gasta más de lo que recauda deja de competir por cada peso disponible, liberando espacio para que los bancos vuelvan a hacer su trabajo real: intermediar entre ahorristas e inversores.
El problema de calzar plazos
El nuevo programa del FGS ataca uno de los obstáculos técnicos más complejos del crédito hipotecario: es difícil prestar a 20 o 30 años cuando la mayoría de los depósitos pueden retirarse en plazos mucho más breves. Los depósitos a plazo fijo UVA ofrecen un mecanismo de calce que hasta ahora era prácticamente inexistente en el mercado local.
No es un detalle menor: sin fondeo de largo plazo, ningún banco puede ofrecer hipotecas sostenibles a escala masiva.
Lo que está en juego
Detrás de cada hipoteca no hay solo una transacción financiera. Una familia que paga veinte años de cuotas no solo resuelve dónde vivir: acumula capital, construye patrimonio y termina siendo propietaria de un activo que puede conservar, vender, alquilar o transmitir. Es la principal forma de acumulación de la clase media en casi todo el mundo desarrollado.
El mismo razonamiento aplica a la economía en su conjunto: ahorro que se convierte en crédito, crédito que financia inversión, inversión que eleva productividad, productividad que permite salarios reales más altos. El círculo virtuoso tiene una condición de entrada: estabilidad macroeconómica sostenida.
La rueda comenzó a moverse. La pregunta que queda abierta es si Argentina puede mantener las condiciones para que siga girando.






