Se burló de Argentina, cobró y se fue: Rosalía ridiculizó al país tras el Mundial, vino a cantar, alentó cánticos contra Milei y su show se convirtió en una protesta.
Rosalía llegó a Argentina días después de burlarse del país en redes, cobró sus shows y encima permitió que su escenario se convirtiera en una protesta política contra el Gobierno de Milei.

El escándalo de Rosalía con Argentina empezó el 20 de julio, el día después de que España ganara la final del Mundial 2026. La cantante catalana reposteó en su cuenta de TikTok un video que se burlaba de la derrota argentina, con su canción de fondo. La reacción fue inmediata: miles de argentinos pidieron la devolución de las entradas para sus shows en el Movistar Arena, programados para el 1 y 6 de agosto. Rosalía borró el video sin dar ninguna explicación pública. El club de fans oficial Motomamis Argentina tomó distancia. Pero el daño ya estaba hecho.
Sin embargo, el show siguió. Miles de personas que habían comprado sus entradas antes del episodio del TikTok decidieron ir igual. Otras tantas que pedían el boicot terminaron cediendo. Y Rosalía llegó a Buenos Aires como si nada hubiera pasado, sin disculpas, sin referencias al episodio y con el set list intacto. La entrada más barata costaba $80.000 y las ubicaciones premium llegaban a los $200.000. Un desembolso considerable para ver a una artista que días antes había ridiculizado al país que la estaba recibiendo.
Lo que ocurrió dentro del Movistar Arena no hizo más que agravar la situación desde el punto de vista del oficialismo. En un momento del show, el público comenzó a corear "la patria no se vende", una consigna de la oposición kirchnerista vinculada al rechazo de la Ley de Tierras impulsada por el Gobierno de Milei. La cantante no solo no ignoró los cánticos sino que los alentó desde el escenario, sumándose al clima político con gestos y palabras que dejaron claro de qué lado de la grieta argentina decidió pararse.
Para el kirchnerismo y los sectores opositores, la noche fue un éxito político. Lograron convertir el show de una artista internacional en una plataforma de protesta contra el Gobierno, con cobertura mediática garantizada y sin costo organizativo propio. Para el oficialismo, el episodio confirma lo que venían denunciando: que existe una agenda cultural de izquierda que usa cualquier espacio disponible para hacer política, incluyendo los shows de artistas que previamente habían faltado el respeto al país.
La paradoja del episodio es difícil de ignorar. La misma cantante que ridiculizó a Argentina tras el Mundial, que borró el video cuando explotaron los pedidos de devolución de entradas y que llegó al país sin dar ninguna explicación, fue aplaudida por miles de personas, cobró sus cachet y encima encontró en su propio escenario el vehículo perfecto para que la oposición hiciera política. Un negocio redondo para todos, menos para quienes pusieron el dinero.
El show también mostró algo sobre la coherencia del kirchnerismo cultural. Las mismas personas que durante semanas habían pedido boicotear a Rosalía por burlarse de Argentina terminaron usando su show para sus propios fines políticos. El insulto quedó perdonado en cuanto el escenario les resultó útil. Una actitud que desde el oficialismo calificaron de oportunismo puro.
Lo que quedó después de los shows de Rosalía en Buenos Aires es una imagen que resume bastante bien el momento político argentino: una artista española que se rió del país, vino a cobrar, fue aplaudida por quienes decían boicotearla y encima prestó su escenario para que la oposición hiciera política. Se burló de Argentina, cobró y se fue. Y algunos lo festejaron igual.





