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Política

Milei exige lealtad por Malvinas pero guarda silencio con Israel y Chile: el costo de sus alianzas

El Presidente endureció su postura soberana sobre Malvinas, pero omitió reclamarle a Netanyahu y Kast por empresas de sus países que operan en las islas.

Foto de Julián BrusPor Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía3 min de lectura
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Imagen: Milei exige lealtad por Malvinas pero guarda silencio con Israel y Chile: el costo de sus alianzas
Foto: La Nación Política

Hay una contradicción que el Gobierno no puede esconder: Milei pidió a los aliados de Argentina que no miren para otro lado en la causa Malvinas, pero no les planteó ninguna objeción a los líderes más cercanos a su círculo ideológico.

Según La Nación, el Presidente no abrió gestiones con Israel para frenar la actividad de empresas de ese país que operan en las islas desde hace 15 años —y esto ocurrió incluso después de su visita reciente a Jerusalén y su abrazo público a Netanyahu, en plena controversia global por la situación en Gaza.

El giro que nadie esperaba

Después de dos años en los que Malvinas no fue prioridad visible en su agenda, Milei cambió de táctica. Anunció refuerzo de sanciones para empresas que trabajen en las islas, mayor activismo diplomático con aliados clave para que no se alineen con Gran Bretaña, y la continuación de una base naval en Tierra del Fuego. El mercado tomó nota: las acciones de Rockhopper y Navitas —compañías que explotan petróleo en el proyecto Sea Lion— cayeron tras el anuncio.

El giro es real, pero incompleto. La postura soberana se endurece en el discurso mientras las omisiones operativas revelan los límites que imponen las alianzas geopolíticas de este gobierno.

El costo de alinearse con Washington

El vínculo con Estados Unidos también pesa. Según Perfil, Milei profundizó un giro militar con Washington mediante ejercicios conjuntos, intercambio de inteligencia y la firma del acuerdo nuclear FIRST. Ese alineamiento estratégico tiene un precio: tensiona los equilibrios históricos que Argentina sostuvo en torno a la Cuestión Malvinas.

No es un dato menor. Cuando la soberanía choca con la geopolítica de las alianzas, los gobiernos deben elegir a quién le cobran la cuenta —y a quién le perdonan la deuda.

Lo que queda en el aire

La pregunta que este giro no responde es concreta: ¿puede Argentina construir una estrategia soberana creíble si sus aliados más íntimos son parte del problema?

La retórica soberanista funciona en el discurso interno. Pero su credibilidad externa depende de si Milei está dispuesto a plantear esas mismas exigencias cuando el interlocutor es Netanyahu, Kast o cualquier otro líder de su bloque ideológico. Por ahora, esa conversación no ocurrió.

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