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Economía

Milei corrió el horizonte al 2028: qué cambia para negocios, inversiones y expectativas en Argentina

El Gobierno posterga sus promesas de crecimiento histórico y reorienta el relato hacia la reelección, mientras los datos reales presionan el discurso.

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Imagen: Milei corrió el horizonte al 2028: qué cambia para negocios, inversiones y expectativas en Argentina
Foto: JUAN MABROMATA

El discurso cambia cuando los números no acompañan. Esa es la lógica que está operando en el Gobierno de Javier Milei: la economía está remodelando el relato libertario en tiempo real.

La señal más concreta: el horizonte de prosperidad se corrió del 2026 al 2028. Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, ya lo dijeron en diferentes escenarios —Nueva York, París, Washington y, más recientemente, en la reunión del FMI en Tailandia— y lo dejaron por escrito en el discurso oficial: si el Gobierno es reelecto, 2028 será "el mejor año de nuestra historia".

El costo de mover el arco

Correrse del 2026 tiene un precio político y económico concreto. Las proyecciones incluidas en el Presupuesto vigente —inflación anual del 10% y crecimiento del PBI del 5%— quedaron visiblemente desfasadas. Consultoras privadas, el FMI y el Banco Mundial ya las revisaron a la baja, y el INDEC aporta semana a semana los números que confirman la distancia entre la promesa y la realidad.

La inflación de septiembre fue de 1,9% mensual —dos décimas por encima de agosto— con 33,4% interanual y 23,6% acumulado en nueve meses. Los precios mayoristas subieron 3,2% en el mismo mes, impulsados por petróleo y gas. La producción industrial manufacturera mostró en agosto un rebote del 1,9% respecto a julio, pero acumula una caída del 3,2% frente al mismo mes del año anterior.

La interna que nadie quiere nombrar

El Gobierno no solo enfrenta presión de afuera. La interna libertaria "cruje en continuado", según el análisis político que circula en medios especializados, y el foco se concentra cada vez más en los resultados económicos.

Milei salió a respaldar públicamente a Caputo —calificó como una "pelotudez del tamaño de una casa" suponer que pudiera reemplazarlo— justo en el momento en que el ministro negocia con el FMI. Pero la misma semana convocó al economista Alberto Ades a exponer ante el Gabinete; Caputo no estuvo presente.

El episodio con Patricia Bullrich suma otra capa de lectura. La única voz oficial que planteó en público la necesidad de que los logros macroeconómicos se traduzcan más rápido en la vida cotidiana recibió una respuesta atípica: Milei la convocó a un encuentro mano a mano que difícilmente podía permanecer reservado. El gesto elevó su peso dentro del oficialismo y, al mismo tiempo, expuso la incomodidad de Olivos ante ese tipo de señalamientos.

Lo que viene y lo que está en juego

El Presidente también habló de dólares. Negó cualquier posibilidad de corrida cambiaria y mencionó una "bazuca" de reservas disponibles. El problema: las cifras citadas variaron entre US$ 50.000 millones, US$ 75.000 millones y US$ 125.000 millones en distintas declaraciones. La inconsistencia en los números no pasa inadvertida para quienes toman decisiones de inversión.

La semana próxima, el foco estará en el estimador de actividad económica de agosto y en los datos de ventas en supermercados, mayoristas y shoppings. Números que, una vez más, incidirán sobre el discurso.

La pregunta que queda abierta es simple y estratégica: si el horizonte ya se corrió al 2028, ¿cuánto margen político y de mercado tiene el Gobierno para seguir pidiendo paciencia sin que el costo de esa espera se vuelva demasiado alto?

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