La paz interna de LLA se fractura: dos tribus, un presidente y una disputa que puede redefinir el poder en 2027
La tensa calma entre las Fuerzas del Cielo y el ala karinista se rompió con nuevos roces públicos. Lo que está en juego va más allá de las redes.
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía4 min de lectura
La interna del Gobierno nacional no explotó, pero cruje. Cinco meses de calma forzada se empiezan a resquebrajar, y los daños colaterales ya tienen nombre, cargo y consecuencias políticas concretas.
El pacto de no agresión que siguió al «affaire Rufus» —el mayor choque frontal entre libertarios, protagonizado en mayo— se basa en una sola regla: cada tribu en su cancha. Las Fuerzas del Cielo no se meten en la política partidaria; los Menem no avanzan sobre el ecosistema digital. Un equilibrio frágil que, según pudo reconstruir Infobae, volvió a tensarse esta semana.
La chispa: Brasil como espejo incómodo
El triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas fue el detonante. La militancia libertaria cercana a Santiago Caputo interpretó ese resultado como una victoria del modelo de activismo digital que ellos representan —y del que sienten haber sido desplazados dentro de LLA.
Esa lectura derivó en un cruce público entre Agustín Romo, legislador bonaerense identificado con las Fuerzas del Cielo, y Romina Diez, diputada nacional por Santa Fe que responde a Karina Milei. Ambos bandos insistieron en que las rispideces fueron espontáneas. Nadie ordenó nada. Pero eso, en política, suele significar que el conflicto ya no necesita dirección para propagarse.
El trasfondo: menos lugares en 2027, más presión ahora
Detrás del ruido en redes hay una disputa concreta: los espacios electorales del año próximo. En el sector de Karina Milei advierten que habrá incluso menos vacantes que en las listas de 2025, porque muchos legisladores propios reelegirán y habrá acuerdos políticos que respetar. El mensaje para las Fuerzas del Cielo es claro: el techo se achicó.
Mientras tanto, Sebastián Pareja, presidente de LLA en la Provincia de Buenos Aires, movilizó un acto masivo de jóvenes bonaerenses. En Rosario, Romina Diez encabezó su propio evento de «Juventud LLA Santa Fe». Dos shows de fuerza paralelos, el mismo fin de semana, sin coordinación entre sí.
Un dirigente de la militancia digital lo resumió sin filtros ante Infobae: «Los cielistas hicimos un grupo de élite y nos sacaron del medio. Ahora nos quieren copiar, pero son nuestro Temu. No tienen aura». La frase —cargada de rencor genuino— describe una fractura que ya no es solo táctica, sino identitaria.
El Islam, Mahiques y la disputa de los símbolos
El otro frente abierto es más silencioso pero igualmente revelador. Daniel Parisini, «el Gordo Dan», acusó a los Menem de estar detrás de una denuncia del Centro Islámico en su contra. Los Menem no respondieron, pero el episodio conecta con una movida más amplia: el plan del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques —identificado con el ala karinista— de demandar a Irán ante la Corte Internacional de Justicia por el atentado a la AMIA.
En el entorno oficialista, algunos interpretan ese gesto como un intento de Mahiques de equiparar su capital político con el de Santiago Caputo, artífice de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Otros lo leen como una señal directa a Milei, cuya sintonía con Israel es un eje estratégico de su política exterior.
La fractura mayor: Javier y Karina
Todo lo anterior sería ruido manejable si no hubiera una grieta en el núcleo. Según altas fuentes del oficialismo consultadas por Infobae, los hermanos Milei tuvieron un encontronazo hace casi tres semanas, detonado por la reestructuración en la Quinta de Olivos que terminó con la salida de Belén Agudiez, subsecretaria de Planificación General y una figura clave para Karina. El vínculo estuvo tenso desde entonces, aunque públicamente lo niegan.
Desde las Fuerzas del Cielo sostienen que el ala de Karina «hace lo contrario de lo que quiere el Presidente» en varios frentes, incluyendo la relación con Claudio «Chiqui» Tapia y la conducción de la AFA, que Milei quiere confrontar. La oposición, en cambio, lee todo esto como un juego de «policía bueno y policía malo» con un guión consensuado detrás.
La verdad, como siempre en política, probablemente esté en algún punto entre medio. Lo que no admite duda es que las dos tribus del poder están compitiendo activamente por posición, narrativa y futuro electoral. La pregunta no es si van a chocar de nuevo. Es cuándo, y quién va a controlar el daño.






