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La obsesión de Musk con el futuro: la clave que explica sus decisiones y por qué el Pentágono lo necesita

Desde Tesla hasta el Proyecto Meridian, la visión prospectiva de Elon Musk define un modelo de poder que va más allá del dinero.

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Imagen: La obsesión de Musk con el futuro: la clave que explica sus decisiones y por qué el Pentágono lo necesita
Foto: REUTERS

No es la fortuna lo que distingue a Elon Musk del resto de los megamillonarios del siglo XXI. Es su relación con el tiempo.

Mientras otros construyen imperios para el presente, Musk toma decisiones —empresariales, políticas y hasta familiares— con una dimensión prospectiva incorporada de forma casi instintiva. Esa hipótesis, desarrollada por el analista político chileno que firma en Infobae, ofrece una llave para entender una trayectoria que muchos leen como caótica y que, vista de cerca, tiene una lógica interna poderosa.

Del margen al centro del poder

Durante años, Musk fue presentado como cercano al Partido Demócrata en California. Sus donaciones políticas apuntaban en esa dirección. Pero en la última elección presidencial estadounidense, se convirtió en uno de los donantes más generosos de Donald Trump y participó activamente en su campaña.

El giro no fue cosmético. Una vez en la Casa Blanca, Trump lo designó al frente de la iniciativa para reducir el gasto público y eliminar el gasto ineficiente y los fraudes. La experiencia terminó con una renuncia —dos personalidades fuertes, inevitable colisión— pero la separación fue breve.

Lo que los volvió a unir fue China y, sobre todo, la inteligencia artificial. Hoy Musk visita la Casa Blanca con regularidad, fue parte de la cena de Estado en honor a Xi Jinping y acompañó a Trump a Inglaterra cuando el rey Carlos III ofreció un banquete de gala.

El Pentágono y las armas del futuro

El regreso al círculo íntimo tiene consecuencias concretas: el Pentágono le encargó a Musk participar en el diseño del plan para las armas del futuro y en el llamado Proyecto Meridian, cuya misión es identificar las tecnologías clave de los próximos conflictos.

Eso es prospectiva aplicada al poder duro. Y encaja con el patrón que el analista detecta a lo largo de toda su trayectoria.

Una arquitectura de apuestas a largo plazo

Cada empresa de Musk es, en realidad, una hipótesis sobre el futuro. Tesla no es solo autos eléctricos: es energía solar y almacenamiento. Starlink —su constelación de satélites en órbita baja— resultó tan relevante para la Patagonia como para los manifestantes bloqueados en Irán o para que Ucrania pudiera operar drones en su defensa contra la invasión rusa.

SpaceX, por su parte, devolvió a Estados Unidos presencia real en la carrera espacial en un momento en que la NASA había quedado sin respaldo sostenido. La colonización lunar y los planes marcianos no son delirios de millonario aburrido: son la lógica de alguien que, según el análisis, opera con el futuro como variable central de cada decisión.

El contraste que incomoda

El artículo no es una hagiografía. El autor aclara desde el arranque que los megamillonarios del siglo XXI le generan desconfianza: a diferencia de los "robber barons" del siglo XIX —Rockefeller, Carnegie, Morgan—, los actuales no solo acumulan riqueza e influencia política, sino que buscan imponer visiones del mundo.

Pero reconoce la diferencia: mientras figuras como Bill Gates mantienen una cobertura admirativa casi sin cuestionamientos, Musk recibió mala prensa incluso cuando sus posiciones eran más convenientes para el establishment. El análisis no justifica; intenta entender.

La pregunta que queda flotando es incómoda para cualquier ejecutivo o tomador de decisiones: ¿cuántas de tus decisiones estratégicas realmente incorporan el futuro como variable, y cuántas simplemente reaccionan al presente?

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