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Política

La llamada que nadie puede probar y el avión que entró 7 veces sin control: el caso Scatturice al borde del archivo

Una investigación de un año sobre el Bombardier de Leonardo Scatturice se empantana: evidencia perdida, testigos silenciosos y respuestas que EE.UU. no da.

Foto de Julián BrusPor Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía4 min de lectura
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Imagen: La llamada que nadie puede probar y el avión que entró 7 veces sin control: el caso Scatturice al borde del archivo
Foto: La Nación Política

Una llamada que existió pero cuyo contenido nadie pudo probar. Un avión que entró sin ser revisado no una, sino siete veces. Y una causa que, tras doce meses de investigación, el juez archivó.

Ese es, en síntesis, el estado del caso Scatturice: uno de los expedientes más inquietantes del último año en Argentina, que cruza inteligencia, contrabando presunto y poder.

El avión que cruzó siete veces sin control

El Bombardier 5000 con matrícula N18RU —del que Leonardo Scatturice es propietario del 50%— realizó al menos siete ingresos a Buenos Aires sin pasar por controles aduaneros, según concluye la investigación. No fue un incidente aislado: fue un patrón.

Los fiscales Rivas Rial y Rodríguez determinaron que en al menos uno de esos vuelos, 10 bultos no pasaron por los scanners. Las imágenes lo prueban. Las sospechas apuntan a que el contenido podía ser dólares, material de inteligencia o equipamiento informático, aunque nunca se pudo confirmar ni descartar definitivamente.

La llamada fantasma

Las cámaras de seguridad del aeropuerto captaron a Laura Belén Arrieta —empleada de Royal Class, la empresa que guarda el avión de Scatturice en su hangar y que también lo emplea a él como socio fundador en Miami— realizando una llamada en el momento crítico. Según los fiscales, ese llamado habría facilitado el ingreso sin control del equipaje.

El problema: el interlocutor nunca fue identificado. Se constató tráfico de datos en las líneas involucradas, pero no se pudo determinar técnicamente si la comunicación fue por llamada convencional, WhatsApp u otro servicio de mensajería encriptada.

Paralelo a esto, la aduanera Cintia Vanesa Cali habló por teléfono con otro aduanero, Ronaldo Humberto Basiluk, durante la ventana horaria clave, incluyendo una llamada de 52 segundos a las 8:42. El contenido de esa conversación tampoco pudo ser vinculado a los hechos.

Siete vehículos, maniobras en reversa y 19 días de demora

Un informe de la Policía Federal identificó al menos siete vehículos —combis y camionetas de Royal Class— operando junto al Bombardier entre las 8:13 y las 9:39, con maniobras en reversa cuyo propósito no pudo determinarse. Los investigadores nunca pudieron revisar la aeronave ni los bultos.

El dato que puede ser el más determinante de todos: la denuncia llegó 19 días después de los hechos. Esa demora resultó crítica para la pérdida de evidencia. Y la semana pasada, según La Nación, llegó al juzgado un dato potencialmente clave sobre quién dio la orden de dejar pasar el equipaje sin supervisión —dato que, por un error, demoró meses en llegar.

El vínculo con la SIDE y Trump

Scatturice no es un actor anónimo. Ex agente de inteligencia argentino, registró en Miami la sociedad Royal Class Air LLC el 29 de febrero de 2024. Y, junto a Arrieta, firmó un contrato con la SIDE para actuar como lobbistas ante el gobierno de Donald Trump, un detalle que complejiza aún más el expediente y suma una dimensión geopolítica a la causa.

EE.UU. aún no respondió los pedidos de colaboración de la Justicia argentina. Sin esa respuesta, la investigación no puede avanzar en varios frentes clave.

El juez archivó. Pero las preguntas siguen abiertas

El juez Pablo Yadarola cerró el caso. No hay contrabando probado, pero tampoco descartado. No hay responsable identificado por la llamada. No hay acceso al avión ni a los bultos.

Lo que sí hay es un patrón de siete vuelos, un contrato con la inteligencia argentina, una empresa en Miami y al menos dos comunicaciones telefónicas que el sistema judicial no pudo —o no quiso— desentrañar.

La pregunta que queda suspendida no es si hubo irregularidades. Es quién, exactamente, las habilitó.

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