El liberalismo sin solidaridad no sobrevive las urnas: por qué el modelo Milei ya tiene fecha de vencimiento
Una columna de opinión desmonta el relato oficial: encuestas, deuda privada y la visita del Papa marcan el límite del ajuste.
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía3 min de lectura
El modelo tiene grietas que las cifras ya no pueden tapar. Dos tercios de los argentinos están endeudados, desocupados o empobrecidos —y eso convierte en matemáticamente inviable cualquier triunfo electoral de la derecha en segunda vuelta, según el análisis publicado en Infobae.
No es una lectura de izquierda: es aritmética. Las encuestas, «aun las mejor pagas», coinciden en que el Gobierno no puede ganar en primera vuelta ni en segunda, señala la columna. Y los más lúcidos dentro del propio espacio ya toman nota: aparecen candidaturas liberales alternativas a la presidencia como señal de que el ciclo Milei tiene fecha de vencimiento.
El Estado como acreedor invisible
El dato más incómodo del texto no es político: es financiero. El Estado fijó tasas de rentabilidad «sideral» para contener el dólar y empujó a millones de personas a deudas de las que «les es difícil o casi imposible salir». Caputo las describió como «un problema entre privados». La columna lo llama por su nombre: una transferencia de responsabilidad pública hacia el bolsillo individual.
La propuesta que emerge es concreta: ninguna entidad pública o privada debería poder más que duplicar la deuda de quien necesitó crédito para resolver su situación. Un límite regulatorio que hoy no existe.
El mapa del poder que viene
La distribución del gasto en infraestructura vial —más recursos a Jujuy que a Buenos Aires en mejora de rutas— es leída como una señal estratégica: empobrecer la provincia más poblada para condicionar su capacidad de elegir herederos políticos.
En ese tablero, la visita del Papa a fin de año aparece como un contrapeso simbólico de peso real. La Iglesia, sostiene el autor, «recupera los valores del ser humano por encima de los de la riqueza», y esa narrativa puede redefinir el clima previo a las elecciones.
La oportunidad que el espacio opositor todavía no tomó
El texto no es solo un diagnóstico del oficialismo: es una advertencia hacia el campo nacional y popular. La unidad que generó un triunfo del 14% existe; la fragmentación que redujo las fuerzas a la mitad, también. La elección entre ambos caminos sigue abierta.
Quien logre convocar peronistas, radicales, socialistas y conservadores bajo una lógica patriótica —no partidaria— tiene, según el análisis, una ventana real. El problema es que esa ventana se cierra con cada disputa interna que el electorado percibe como pequeñez.
La pregunta que queda flotando es la misma que los mercados, los partidos y los candidatos evitan responder en voz alta: ¿quién ocupa el espacio que Milei va a dejar, y con qué proyecto concreto para los dos tercios que hoy están afuera?






