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IA y Tecnología

El chip de 2mm que le devolvió la lectura a un ciego: la apuesta que podría redefinir los implantes neurales

Science Corporation implantó su chip PRIMA en un paciente con enfermedad de Stargardt en Sídney: ya leyó una palabra. El futuro de las interfaces…

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Imagen: El chip de 2mm que le devolvió la lectura a un ciego: la apuesta que podría redefinir los implantes neurales
Foto: Infobae Tecno

Un paciente sin tratamiento disponible leyó una palabra. Eso es lo que cambió en mayo en Sídney, y lo que Science Corporation presentó esta semana ante el mundo tech más exigente.

El chip PRIMA —dos milímetros de lado, implantado debajo de la retina— convirtió luz infrarroja en señal eléctrica y activó neuronas que nadie creía todavía útiles. El resultado no es visión plena: es un parche central, en blanco y negro, de alto contraste. Pero es lectura. Y para alguien con enfermedad de Stargardt, eso es todo.

La tecnología detrás del momento

PRIMA es un sistema inalámbrico. Los anteojos con cámara integrada capturan la escena, proyectan luz infrarroja sobre el chip subretinal, y este convierte esa luz en impulsos eléctricos que las neuronas retinianas todavía funcionales procesan y envían al cerebro, según explicó la propia compañía.

La cirugía duró aproximadamente una hora y se realizó en el Hospital de Ojos de Sídney bajo supervisión del médico Matthew Simunovic. En la primera sesión de rehabilitación el paciente distinguió una letra. En la segunda, leyó una palabra completa.

"No es una visión a color de campo amplio", reconoció Max Hodak, CEO de Science Corporation, en el escenario de TechCrunch Disrupt. Lo comparó con mirar a través de una pajita: estrecho, pero nítido.

El hombre que fundó Neuralink y luego apostó a la retina

Hodak cofundó Neuralink junto a Elon Musk y la presidió antes de lanzar Science Corporation en 2021. Su lógica estratégica es clara: primero demostrar que el enfoque funciona y genera negocio, luego escalar hacia interfaces cerebrales más ambiciosas.

"La retina es parte del sistema nervioso central", afirmó en TechCrunch Disrupt. Bajo esa premisa, los implantes retinianos, cocleares y las prótesis motoras son variantes de una misma tecnología.

Antes de este ensayo, PRIMA ya había sido probado en 38 pacientes con atrofia geográfica —degeneración macular avanzada asociada a la edad— con resultados clínicamente significativos en agudeza visual, según datos que la compañía publicó en su sitio.

Stargardt: la enfermedad que no tiene tratamiento aprobado

La enfermedad de Stargardt es hereditaria. Destruye las células fotorreceptoras de la retina mientras suele preservar la capa interna que transmite señales al cerebro —precisamente la que PRIMA necesita para funcionar. Genera una mancha ciega central que crece con el tiempo y afecta a cerca de 150.000 personas en el mundo, según datos de la compañía.

No tiene tratamiento aprobado. Este ensayo, denominado PRIMAlia e identificado como NCT07266584, comenzó a reclutar pacientes el 22 de abril y prevé incorporar a cinco personas con Stargardt, retinosis pigmentaria u otras degeneraciones retinianas hereditarias. Su fecha de cierre total es 2031.

El mapa regulatorio: Europa sí, EE.UU. todavía no

PRIMA ya tiene marca CE en la Unión Europea y está registrado en el Reino Unido, pero en ambos casos para degeneración macular asociada a la edad —no para Stargardt. La compañía lo lanzó comercialmente en Europa en julio y publicó resultados a 36 meses del ensayo original el 5 de octubre.

En Estados Unidos, la FDA aún no lo aprobó, aunque le otorgó la designación de dispositivo humanitario tanto para degeneración macular avanzada como para Stargardt —una vía que facilita el acceso a tratamientos para enfermedades poco frecuentes sin requerir el mismo nivel de evidencia de eficacia que una aprobación estándar. En Australia, donde se realizó el implante, el dispositivo sigue en etapa de investigación.

Lo que viene

Hodak adelantó que la compañía trabaja en una versión más grande, con electrodos más pequeños y mayor campo de visión, que estima llegará a pacientes dentro de un año. En un plazo de cinco años, proyecta acercarse a una agudeza visual cercana a la natural —aclarando que son estimaciones propias, no compromisos regulatorios.

Si esos plazos se cumplen, el chip que hoy permite leer una palabra podría convertirse en el punto de partida de una categoría entera. La pregunta no es si las interfaces neurales llegarán al mercado masivo. Es quién controla la infraestructura cuando eso ocurra.

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