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IA y Tecnología

Este robot camina 150 días sin batería: convierte el suelo metálico en energía y redefine la robótica miniaturizada

Investigadores de la Universidad Fudan desarrollaron un robot que genera electricidad al pisar superficies metálicas, sin cargadores ni baterías convencionales.

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Imagen: Este robot camina 150 días sin batería: convierte el suelo metálico en energía y redefine la robótica miniaturizada
Foto: Infobae Tecno

Un robot de poco más de seis centímetros dio más de un millón de pasos sin enchufarse una sola vez. No es ciencia ficción: es el resultado de invertir la lógica energética de la robótica moderna.

El equipo liderado por Yue Gao, del Departamento de Ciencia Macromolecular de la Universidad Fudan, publicó en National Science Review un desarrollo que convierte el propio terreno en fuente de electricidad. El mecanismo clave: una membrana de gel de poliacrilato de potasio, de apenas 135 micrómetros de espesor, instalada en las patas del robot.

El suelo como batería

Cada vez que la pata toca una superficie de aluminio, zinc o silicio, se desencadena una reacción electroquímica: el metal cede electrones y el oxígeno del aire los recibe del otro lado de la membrana. El piso actúa, en esencia, como una pila de metal-aire.

La velocidad del proceso sorprendió incluso a los investigadores: la reacción se activa en una décima de milisegundo al contacto y se detiene de inmediato al levantar la pata. La potencia generada —133 milivatios por centímetro cuadrado sobre zinc y 103 sobre aluminio— es aproximadamente diez veces superior a la de las microbaterías típicas usadas en dispositivos de este tamaño.

150 días, un millón de pasos, cero caídas de voltaje

Durante las pruebas, el robot funcionó de forma intermitente a lo largo de 150 días. Superó los 10.000 pasos sin registrar pérdidas de voltaje y, más adelante, acumuló más de un millón. También demostró resiliencia térmica: operó entre -20°C y 80°C sin fallas.

Más allá de moverse, el sistema probó que puede hacer cosas útiles: subir rampas metálicas inclinadas, alimentar una luz LED y transmitir datos por Bluetooth. Y hay un bonus no planeado: la membrana funciona también como sensor, ya que las señales eléctricas varían según el material y la rugosidad del suelo, lo que permitiría al robot identificar sobre qué superficie se desplaza.

Las limitaciones que quedan por resolver

El sistema no está exento de restricciones. Como el propio suelo metálico aporta los electrones, ese material se desgasta: durante las pruebas, el robot consumió alrededor de 2 gramos de aluminio del terreno recorrido. La membrana también se degrada por la acción del dióxido de carbono, lo que obligó a los investigadores a reponer manualmente algunos componentes químicos durante los ensayos.

Además, la tecnología no funciona sobre plástico, vidrio, tierra ni materiales orgánicos. Para esos tramos, el robot recurre a un supercondensador de reserva que almacena energía y la libera cuando no hay metal disponible bajo sus patas.

La apuesta real: infraestructura, industria y escombros

Los metales y el silicio presentes en tuberías, edificios, centros de datos y maquinaria industrial convierten a esta tecnología en algo más que un experimento de laboratorio. Los propios investigadores imaginan robots capaces de recorrer conductos de ventilación o subestaciones eléctricas sin cables ni recargas, obteniendo energía directamente del entorno que inspeccionan.

Entre las aplicaciones más ambiciosas mencionadas en el estudio figura la búsqueda de sobrevivientes entre escombros tras terremotos: un escenario donde la autonomía energética de un robot diminuto podría ser, literalmente, la diferencia entre encontrar a alguien o no.

La pregunta que queda abierta es de escala: ¿cuánto tiempo llevará que esta tecnología salga del laboratorio y empiece a recorrer la infraestructura real del mundo?

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