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Economía

El BCRA ya no podrá emitir para financiar al Estado: Diputados aprobó la reforma que reescribe las reglas monetarias de Argentina

Con 144 votos a favor, la Cámara baja le dio media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que prohíbe la emisión sin respaldo y blindará…

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Imagen: El BCRA ya no podrá emitir para financiar al Estado: Diputados aprobó la reforma que reescribe las reglas monetarias de Argentina
Foto: Catriel Gallucci Bordoni

La era del Banco Central como 'cajero automático del Estado' podría estar llegando a su fin. Con 144 votos a favor, 102 en contra y 9 abstenciones, la Cámara de Diputados otorgó media sanción a la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, la transformación institucional más profunda de la entidad monetaria en más de una década.

El voto ocurrió pasadas las 18 horas del martes. La Libertad Avanza sumó el apoyo del PRO, la UCR y varios bloques menores —MID, Provincias Unidas, Argentina Federal, Independencia, Producción y Trabajo y Por Santa Cruz— para cruzar la línea con holgura.

Lo que cambia, en concreto

El corazón de la reforma es simple y de consecuencias profundas: el BCRA no podrá financiar al Tesoro Nacional ni directa ni indirectamente. Eso significa el fin de los adelantos transitorios —el mecanismo históricamente usado para cubrir déficit fiscal con emisión— y la prohibición de comprar títulos públicos en el mercado primario.

También se elimina la transferencia al Tesoro de ganancias contables o por diferencia de cambio. Los resultados del Banco Central deberán destinarse a absorber pérdidas acumuladas, recomponer patrimonio o cancelar deuda pública. Además, desaparecen instrumentos como las Letras Intransferibles.

Si el Senado aprueba la ley en su forma actual, el BCRA tendrá un único mandato: preservar el valor de la moneda. Hoy tiene cuatro, desde la reforma kirchnerista de 2012 que incluyó empleo y desarrollo económico con equidad social.

La apuesta política detrás de la reforma

El diputado Santiago Pauli, presidente de la Comisión de Finanzas, fue quien presentó el proyecto del Poder Ejecutivo. Su argumento fue directo: el BCRA fue usado 'durante mucho tiempo como una herramienta de saqueo de la política' y el objetivo de la reforma es 'erradicar permanentemente la posibilidad de que cualquier gobierno emita descontroladamente'.

Milei celebró la media sanción en redes sociales con su habitual intensidad: 'Un paso fundamental para erradicar a la inflación de la vida de los argentinos de bien. Ahora a pelearla en el Senado. VLLC!'. El diputado Luis Petri fue más lejos y advirtió que, con la nueva ley, 'el funcionario público que incumpla y busque financiar al Estado con emisión, irá preso'.

La oposición: blindar el presente, atar el futuro

La resistencia fue clara y articulada. Miguel Ángel Pichetto (Encuentro Federal) rechazó cualquier 'criterio de rigidez' y sostuvo que el Banco Central debe estar 'subordinado al interés general del país y al rumbo que marque el Poder Ejecutivo Nacional'. Para el peronismo, la discusión correcta sería cómo aliviar la situación de los morosos, no quitarle instrumentos al Estado.

La crítica más política la planteó Agustín Rossi (Unión por la Patria): 'El único objetivo de esta reforma es lograr que las autoridades actuales del Banco Central sigan ejerciendo la política monetaria en los próximos años, independientemente de si el Gobierno pierde las elecciones el año que viene'.

El argumento apunta a un cambio clave en el mecanismo de remoción del presidente y directores del BCRA: a partir de ahora se requerirá acreditar una 'causal grave' y contar con mayoría de dos tercios en ambas cámaras para desplazarlos.

Qué sigue

La norma ahora pasa al Senado, donde el oficialismo no tiene garantías de mayoría y el debate promete ser más tenso. Para el mercado, la aprobación en Diputados ya es una señal: el Gobierno la presenta como un ancla institucional que debería contribuir a reducir el riesgo país.

La pregunta que importa no es si la reforma es buena o mala: es si el Senado tiene los votos, y si los tiene, si la próxima administración —sea cual sea— estará dispuesta a operar con un banco central que tiene las manos atadas por diseño.

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