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Economía

Argentina deja de ser barata en dólares: quiénes ganan, quiénes pierden y qué tan sostenible es

El gobierno de Milei apuesta a un peso fuerte como señal de solidez económica. La estrategia tiene ganadores claros, pero también costos que ya se sienten.

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Imagen: Argentina deja de ser barata en dólares: quiénes ganan, quiénes pierden y qué tan sostenible es
Foto: Infobae Economía

Un país con salarios miserables en dólares es un país barato en dólares. Esa es la lógica que hoy guía al equipo económico argentino —y define quiénes salen ganando y quiénes no.

El ministro Luis Caputo lo dijo sin rodeos: Argentina "dejará de ser un país regalado en dólares", y lo justificó con una ecuación simple: el tipo de cambio refleja el estado de la economía, no es un capricho de política.

El ancla no es el dólar: es el equilibrio fiscal

Detrás de la apreciación del peso hay una tesis de fondo. El fin de la emisión monetaria para financiar el déficit, la mejora de los pasivos del Banco Central y un cambio en la matriz productiva-exportadora fortalecieron el peso de forma, según el Gobierno, estructural —no coyuntural.

El dólar se movió apenas 1,4% en lo que va del año frente a una inflación acumulada de 16,8%. El resultado es un tipo de cambio real históricamente bajo, que impulsa salarios y jubilaciones medidos en moneda extranjera, pero que también encarece los precios locales para quien paga en divisas.

Un informe de Fundar lo cuantificó: Argentina ya es más cara que el promedio regional en 6 de 11 rubros de consumo relevados —restaurantes, indumentaria, comunicaciones, recreación, equipamiento del hogar y transporte—. Y viene encareciéndose a un ritmo mayor que el resto de América Latina.

La nueva matriz: energía y minería como ancla de dólares

El presidente del BCRA, Santiago Bausili, proyecta un cambio estructural que va más allá del ciclo agrícola. Históricamente, el flujo de divisas se concentraba en el "trimestre de oro" de la cosecha gruesa (abril-junio). Ahora, el boom de Oil&Gas y minería promete una oferta de dólares más distribuida a lo largo del año.

Esa promesa ya tiene números concretos: desde las elecciones de medio término de 2025, empresas locales y provincias emitieron USD 17.400 millones en títulos corporativos y sub-soberanos —USD 13.730 millones de compañías y USD 3.650 millones de distritos provinciales, según Romano Group—. Esos dólares se liquidan en el mercado de cambios y gran parte es absorbida por el BCRA para fortalecer reservas.

Para el economista Alejandro Giacoia (Econviews), la clave está en que "al materializarse todo el potencial exportador, el país va a tener una oferta de dólares más alta que va a permitir sostener un tipo de cambio real como el actual". Matías de Luca (Parakeet) apunta en la misma dirección: "De acá a 2030 Argentina debería ser capaz de duplicar su superávit comercial, abandonando la escasez crónica de dólares".

Ganadores y perdedores: el mapa concreto

La apreciación cambiaria tiene efectos cruzados. Abarata importaciones, incentiva la compra de insumos, tecnología y bienes de consumo vía courier —que creció 84,4% interanual en mayo, con un acumulado de USD 518 millones en 2026, un salto de 113,2% respecto al año anterior—. El consumidor gana.

Pero los sectores industriales que no tienen ventajas comparativas quedan expuestos. Federico Machado (LLZ) es directo: "Con el nivel de impuestos internos que tenemos y una industria que hace muchos años no crece con inversión, un tipo de cambio apreciado es lapidario".

El propio Gobierno mantiene restricciones al libre movimiento de capitales: los giros de dividendos al exterior se ampliaron, pero persisten trabas para salidas de dólares fuera del RIGI.

La variable que nadie controla

Giacoia pone el dedo en la llaga: la sostenibilidad del plan "depende en buena parte de que se concrete esa llegada de dólares, de cómo evoluciona la demanda de divisas con un país que empiece a crecer más fuerte" —y agrega un factor que suele quedar fuera del modelo— "hay que poner un ojo en la política".

Argentina está apostando a que su nueva estructura productiva justifica un peso fuerte de forma permanente. Si el flujo de dólares de energía y minería se materializa según lo proyectado, la ecuación cierra. Si no, la historia cambiaria del país ofrece un catálogo generoso de lo que puede pasar.

La pregunta no es si Argentina puede ser cara en dólares. La pregunta es si puede serlo sin reducir la carga impositiva y sin una industria que crezca a la par.

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