La inflación de EE.UU. vuelve a subir al 3,7% y la Fed enfrenta su mayor dilema del año
El IPC de septiembre aceleró por combustibles, ropa y vuelos. La Reserva Federal mantiene las tasas bajo presión antes de su reunión de octubre.
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía3 min de lectura
La inflación en Estados Unidos no cede. Y eso tiene consecuencias directas para tasas, dólares y mercados emergentes como Argentina.
El índice de precios al consumidor (IPC) de septiembre cerró en 3,7% interanual, por encima del 3,4% de agosto, según datos del Departamento de Trabajo. En la comparación mensual, el avance fue del 0,6%, frente al 0,4% del mes previo.
El combustible como detonante
El precio de la gasolina explicó gran parte del salto: subió cerca de 9% entre agosto y septiembre, mientras que los pasajes aéreos se encarecieron un 23% interanual. El trasfondo es geopolítico: la guerra en Irán, iniciada a fines de febrero, alteró el suministro de petróleo y gas, presionando los costos energéticos globales.
El promedio nacional de la gasolina se ubicó en USD 4,34 por galón, con leve moderación en las últimas semanas. Pero el daño ya está hecho: empresas como PepsiCo anunciaron ajustes de precios para compensar los mayores costos de combustible, aluminio e ingredientes.
La inflación subyacente también sube
Sin alimentos ni energía, el núcleo inflacionario avanzó al 2,6% interanual en septiembre, contra el 2,4% de agosto. Es la señal más preocupante: el problema no es solo el combustible, sino que la presión de precios se está filtrando al resto de la economía.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, fue directo: la inflación "sigue demasiado elevada" y los datos del verano no muestran una mejora suficiente de la tendencia subyacente. El banco central ya subió las tasas por primera vez en tres años, hasta cerca del 3,9%.
El dilema de octubre —y de diciembre
La próxima reunión de política monetaria de la Fed es el 27 y 28 de octubre. La mayoría de los inversores de Wall Street espera que las tasas se mantengan sin cambios en ese encuentro, pero anticipa una nueva suba en diciembre.
El dato llega además en un momento políticamente sensible: las elecciones legislativas de mitad de mandato se acercan, y el costo de vida se perfila como uno de los temas centrales. Aunque la tasa general está lejos del pico de 9,1% de 2022, la reversión de la tendencia descendente es una señal que los mercados —y los gobiernos de la región— no pueden ignorar.
La pregunta que queda abierta: si la Fed sube tasas en diciembre, ¿cuánto más se endurece el crédito global y qué presión adicional reciben las economías latinoamericanas que buscan financiamiento externo?






