El dólar atrasado ya no es el termómetro: qué mide hoy la competitividad argentina y qué implica para los negocios
Con el mayorista subiendo menos del 3% y la inflación en 20% acumulado, el tipo de cambio como ancla fuerza una nueva lógica competitiva: productividad,…
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía4 min de lectura
El ancla que cambia las reglas
El tipo de cambio dejó de ser la única variable que define si Argentina es competitiva. Lo que se juega ahora es más profundo —y más exigente para las empresas.
En lo que va de 2026, el dólar mayorista acumula un alza inferior al 3%, mientras la inflación roza el 20% en el mismo período. El resultado es matemático: los precios en dólares de bienes y servicios locales escalaron, y la percepción de un peso artificialmente apreciado se instaló en el mercado.
El Banco Central lo refleja en números: su Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral se ubica en 85 puntos, por debajo del nivel de referencia teórico de 100 fijado en diciembre de 2015.
Dos lecturas del mismo dato
Sin embargo, no todos los indicadores apuntan en la misma dirección. El superávit comercial se mantuvo de forma consistente desde finales de 2023, y el BCRA registra compras netas de reservas. Para una corriente de economistas, eso sugiere que el nivel del dólar no es, hoy, el problema central.
José María Segura, economista jefe de PwC Argentina, lo formula con precisión: "Argentina está ingresando en una etapa en la que la competitividad dependerá cada vez más de factores estructurales y menos de variables coyunturales". En su diagnóstico, productividad, infraestructura, capital humano, calidad regulatoria y carga fiscal pasan al frente.
La lectura tiene consecuencias concretas: las empresas que esperaban una devaluación como alivio de costos deben replantear su estrategia. El alivio no llegará por esa vía.
La estrategia oficial y sus costos
El Gobierno sostuvo la cotización en torno a $1.500 a través de ventas de bonos dollar linked, oferta de contratos de dólar futuro y ventas puntuales de contado. El objetivo declarado: usar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria.
La consultora Vatnet advierte sobre las consecuencias monetarias del esquema: la restricción de compras de divisas limitó la expansión de pesos, mientras la venta de títulos indexados al dólar la contrajo con fuerza. El efecto neto comprime la liquidez y tensiona el crecimiento.
Emilio Botto, jefe de estrategia de Mills Capital, señala las variables a monitorear hacia adelante: giro de dividendos al exterior, compras de individuos y pagos de deuda como los principales factores de demanda de divisas; balanza comercial, liquidaciones de Obligaciones Negociables y desembolsos del FMI, del lado de la oferta.
La economía heterogénea que nadie quiere ver
Los analistas de 1816 advierten sobre un riesgo que los números agregados ocultan: una economía "muy heterogénea", donde energía y minería crecen a ritmo acelerado mientras los sectores intensivos en mano de obra no terminan de recuperarse. El dato no es técnico: es político y social.
Desde Max Capital agregan otra capa: el escenario de cara a 2027 podría ser más competitivo electoralmente de lo previsto. La reasignación de recursos que implica el desmantelamiento de regulaciones genera fricciones —y pérdida de empleos— que probablemente persistan los próximos doce meses.
Lo que queda sobre la mesa
La pregunta que define la estrategia de cualquier empresa argentina en este momento no es cuánto vale el dólar, sino cuánto cuesta producir, exportar y crecer en un entorno donde el tipo de cambio ya no compensará la ineficiencia.
La nueva competitividad se construye con productividad real. Y eso, a diferencia de una devaluación, no llega de un día para el otro.






