Zelenskyy aterriza en Serbia y redefine el mapa diplomático de Europa del Este
La primera visita del presidente ucraniano al histórico aliado de Moscú marca un quiebre geopolítico con consecuencias directas en energía, comercio y…
Por Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología2 min de lecturaLa foto que nadie esperaba ver: Volodymyr Zelenskyy pisando suelo serbio por primera vez en su presidencia. El gesto vale más que cualquier declaración.
Serbia fue, durante décadas, uno de los países más cercanos a Moscú en Europa. Dependía del gas ruso, votaba en bloque con Rusia en foros internacionales y su presidente, Aleksandar Vučić, desfilaba en la Plaza Roja. Ese esquema está cambiando —y la visita de Zelenskyy es su señal más visible.
Un equilibrio que se mueve
Vučić asistió al Desfile del Día de la Victoria en Moscú en 2025, pero estuvo notablemente ausente este año, según fuentes consultadas. En julio, participó en la cumbre 'Sudeste de Europa - Ucrania' en Kyiv junto a otros líderes regionales. La secuencia no es casual.
Zelenskyy confirmó su llegada a Serbia a través de su canal oficial de Telegram. La agenda incluye conversaciones con Vučić y con la primera ministra Đuro Macut sobre expansión de lazos económicos, integración europea y cuestiones de seguridad, de acuerdo con información oficial.
Geopolítica con retorno económico
Pero hay algo más concreto sobre la mesa. Zelenskyy anunció el lanzamiento de la Iniciativa de los Cárpatos para el otoño: una nueva plataforma regional que reunirá a Ucrania, Serbia y otros seis países europeos para cooperar en economía, logística, seguridad y reconstrucción de Ucrania con apoyo de la Unión Europea.
Para Serbia, el cálculo es claro: avanzar en su camino hacia la UE implica distanciarse —al menos en los hechos— de Moscú. Para Ucrania, sumar a Belgrado a su órbita es ampliar el frente diplomático sin disparar un tiro.
Un dato que no puede ignorarse: Vučić dejó claro que Serbia no tiene intención de cambiar su posición sobre las sanciones a Rusia. El acercamiento tiene límites. La pregunta es cuánto tiempo esos límites resisten la presión de Bruselas —y de Kyiv.


