Chevron firmó con Microsoft un deal de 20 años para alimentar IA con gas natural y redefine el rol de las petroleras
El Proyecto Kilby convierte a Chevron en el referente energético de la IA: 2,67 GW de gas para data centers de Microsoft, con escala para replicarlo en todo…
Por Julián Brus · Cofundador y editor de Negocios y Economía4 min de lectura
La carrera por la energía que necesita la IA acaba de producir su movimiento más estratégico hasta ahora. Chevron firmó un contrato de 20 años con Microsoft para proveer 2,67 gigavatios de energía a base de gas natural, suficiente para alimentar más de 2 millones de hogares, pero destinada íntegramente a los data centers del gigante tecnológico.
El acuerdo —bautizado Proyecto Kilby, en honor al inventor del microchip Jack Kilby— convierte a una empresa petrolera en actor central de la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial. Y cambia las reglas del juego para el sector energético.
El negocio que nadie vio venir
Durante años, las conversaciones entre Big Tech y Big Oil giraron en torno a energía renovable. Chevron quedaba afuera. "Solo hablaban de energía renovable. Para nosotros, eso no es una fortaleza central", reconoció Jeff Gustavson, presidente de Chevron New Energies, en declaraciones a Fortune.
El punto de inflexión llegó cuando la velocidad y confiabilidad desplazaron a la sustentabilidad como prioridad número uno de los hyperscalers. La red eléctrica de EE.UU. no puede con la demanda de la IA. El gas natural, confiable, escalable y disponible en las mismas tierras donde Chevron ya opera, se volvió la respuesta obvia.
"Empezaron a aparecer preocupaciones por los precios de la electricidad para los consumidores", explicó Gustavson. "Y la discusión viró hacia: 'Necesitamos energía confiable y asequible. ¿Podemos hablar de gas natural?'"
West Texas como laboratorio del futuro
El Proyecto Kilby se construye en el condado de Reeves, en el árido oeste de Texas —sede del Permian Basin, la mayor cuenca de extracción energética de EE.UU.—, está previsto para entrar en operaciones en 2028 y escalar hasta 2031. Chevron aporta tierra, gas y gestión de proyectos; Texas Pacific Land suma terreno y servicios hídricos; Engine No. 1 provee respaldo financiero; y GE Vernova y Caterpillar Solar Titan 350 suministran las turbinas.
El modelo es deliberadamente replicable. Gustavson ya identificó los próximos frentes: las Montañas Rocosas, el sur de Texas, Ohio, Illinois e Indiana. "Seremos guiados por el cliente", dijo.
Microsoft, por su parte, justificó la decisión en términos operativos. "El rápido crecimiento que experimentamos en IA y nube requiere infraestructura energética que pueda escalar rápido y con confiabilidad", señaló Noelle Walsh, presidenta del grupo Cloud Operations + Innovation de Microsoft.
El efecto Kilby: todos quieren hablar con Chevron
Tras el anuncio de junio, el teléfono de Gustavson no paró. "Ahora nos ven como un jugador de mayor credibilidad que puede armar todo lo que necesitás en estos proyectos, incluyendo, lo más importante, un cliente", dijo. Ese último punto es clave: proyectos rivales como el campus Stargate de OpenAI, el Project Matador de Fermi o el GW Ranch de Pacifico Energy aún no tienen clientes confirmados.
Chevron tiene un contrato de 20 años con uno de los mayores compradores de energía del planeta. Esa diferencia no es menor.
El CEO Mike Wirth fue directo en el earnings call del 31 de julio: el Permian puede crecer si hay más acuerdos tipo Kilby. "¿Puede crecer el Permian? Cien por ciento", afirmó.
El dilema ambiental que nadie puede ignorar
Construir más plantas de gas natural para sostener la IA tiene un costo ambiental concreto. Chevron no lo esquiva: Gustavson mencionó la captura de carbono en cada planta, la incorporación progresiva de renovables y, a futuro, energía geotérmica limpia.
Microsoft, que flexibilizó pero no abandonó sus metas climáticas para avanzar más rápido en IA, mantiene el compromiso sobre papel. La tensión entre velocidad y sostenibilidad no desaparece con un comunicado —y ambas empresas lo saben.
La pregunta que queda abierta: ¿puede la industria petrolera convertirse en el proveedor energético dominante de la IA sin que eso revierta décadas de compromisos climáticos? Chevron apuesta a que sí. El mercado, por ahora, le está dando la razón.





