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Internacionales

Rusia llena el hueco que Irán dejó: China redirige su estrategia energética y el crudo ya subió 13%

Con el Estrecho de Ormuz bloqueado y el Brent disparado, Beijing pivotó hacia el crudo ruso: importaciones subieron 40,9% interanual en los primeros dos meses…

Foto de Ariel SeratoPor Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología3 min de lectura
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El mapa energético global se redibujó en semanas. La guerra en Medio Oriente cerró el Estrecho de Ormuz, encareció el Brent más de 13% y empujó a China a ejecutar un giro estratégico que ya estaba latente: depender menos de Irán y más de Rusia.

El detonante: Ormuz bloqueado, Brent disparado

Tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán el 28 de febrero, Irán respondió atacando Baréin y los Emiratos Árabes Unidos bloquearon el Estrecho de Ormuz, según información de fuentes de seguimiento del conflicto. El impacto fue inmediato: el crudo Brent trepó 13%, superando los US$82 por barril. El dato que lo explica todo: un tercio de las importaciones chinas de petróleo transita ese estrecho, y el 13% proviene directamente de Irán.

La vulnerabilidad quedó expuesta. Beijing no podía esperar.

China compra ruso, y lo hace antes de tiempo

Los compradores chinos empezaron a adquirir crudo ESPO ruso —el crudo insignia de la región oriental de Rusia— semanas antes de lo habitual, según Bloomberg Markets. Las plantas de procesamiento independientes aceleraron sus compras ante el debilitamiento de la seguridad en los envíos desde Medio Oriente. El resultado: las importaciones chinas de crudo ruso crecieron 40,9% interanual en enero y febrero de 2026, alcanzando 21,8 millones de toneladas, aunque el valor total subió solo 5,8% —señal de que los precios de compra siguen siendo favorables para Beijing.

Analistas apuntan que China acumuló reservas en enero y febrero antes de que los mercados incorporaran el conflicto en sus cotizaciones. Un movimiento de anticipación que ahora luce como una jugada maestra.

Rusia consolida su rol como proveedor estratégico

En el primer trimestre de 2026, el 90% de las exportaciones totales de crudo ruso se entregaron a China e India, según datos de seguimiento del mercado energético. El canciller ruso Serguéi Lavrov fue explícito: Rusia puede llenar la brecha de recursos que surgió en China. No es retórica diplomática; es una oferta con infraestructura detrás.

Paralelamente, India compite con China por los descuentos en el crudo ruso, presionando los márgenes de ambos compradores en un mercado cada vez más disputado.

Beijing cierra el grifo interno: sin exportaciones de combustible

El 5 de marzo, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China ordenó verbalmente a sus mayores refinerías suspender de forma inmediata las exportaciones de diésel y gasolina. La medida busca proteger el abastecimiento interno ante la inestabilidad regional. Una señal de que el gobierno chino no solo está gestionando el presente: está blindando su economía frente a un escenario de disrupciones prolongadas.

¿Qué cambia y para quién?

Para las empresas con exposición a commodities energéticos en América Latina —desde traders hasta industrias con costos atados al petróleo—, el nuevo eje Moscú-Beijing reconfigura precios de referencia, rutas de abastecimiento y poder de negociación global. Un bloque que controla oferta y demanda de crudo al mismo tiempo es un actor con el que nadie puede darse el lujo de no calcular.

La pregunta que queda abierta: si Ormuz permanece restringido, ¿cuánto tiempo puede Rusia sostener ese 90% de captación exportadora, y a qué precio político?

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