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Rumania voló una roca en el Danubio para evitar que se apague su único reactor nuclear activo

Con 180 kg de explosivos y una demolición submarina sin precedentes, Rumania compró días críticos de operación nuclear en medio de la peor sequía del Danubio…

Foto de Ariel SeratoPor Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología3 min de lectura
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Un reactor nuclear a punto de apagarse. Un río en mínimos históricos. Y la decisión de volar el lecho del Danubio.

El 3 de agosto, la Marina rumana detonó 180 kilogramos de explosivos submarinos para destruir una formación rocosa que bloqueaba el flujo de agua de enfriamiento hacia la central nuclear de Cernavodă, en el sur del país. La operación, descrita como sin precedentes, fue la respuesta de emergencia a una crisis que amenazaba con dejar fuera de servicio al único reactor nuclear operativo de Rumania.

El río que casi detiene una planta nuclear

El Danubio llegó a registrar apenas 1.500 metros cúbicos por segundo en su tramo rumano —menos de un tercio de su promedio típico para julio—, según datos recogidos por fuentes especializadas. Un reactor ya estaba apagado, y las autoridades advirtieron que el segundo podría correr la misma suerte si los niveles continuaban cayendo.

La demolición controlada despejó el paso para construir una represa temporal capaz de desviar más agua hacia el canal donde opera el reactor. Las autoridades estimaron que los trabajos de construcción concluirían en pocos días.

Un día de operación vale más que toda la explosión

El ministro de Defensa, Radu Miruță, fue directo en su justificación: cada día adicional de funcionamiento de la planta equivale a tres veces el costo total de la operación explosiva. "Cualquier día después del miércoles o jueves que la central funcione es una ganancia", declaró.

La apuesta rindió resultados inmediatos. Tras las detonaciones, el caudal del Danubio aumentó cuatro centímetros, lo suficiente para extender la operación del segundo reactor por al menos nueve días más, según Bloomberg Markets.

Lo que esto señala más allá de Rumania

La crisis de Cernavodă no es un accidente aislado: es una advertencia sobre la vulnerabilidad de infraestructura crítica ante la sequía extrema. Las centrales nucleares de refrigeración fluvial —presentes en varios países europeos— dependen de caudales estables que el cambio climático está volviendo impredecibles.

Cuando la alternativa era un blackout energético, Rumania eligió volar el río. La pregunta que queda abierta es cuántos países de la región tienen ese plan B —y cuántos ni siquiera lo están considerando.

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