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Salud

Orgullo argentino: Mikele Amondarain creó un parche con exosomas que busca regenerar tejido humano

La genetista de Coronel Pringles transformó una historia familiar marcada por el cáncer en un desarrollo biotecnológico destinado a tratar heridas complejas. El producto continúa en etapa preclínica y todavía debe avanzar hacia ensayos en humanos.

Por Neidi Bruscella
3 min de lectura
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Fuente | Infobae

Una científica argentina convirtió una experiencia familiar dolorosa en un proyecto que podría abrir nuevas posibilidades dentro de la medicina regenerativa. Mikele Amondarain desarrolló un parche de hidrogel impreso en 3D que busca acelerar la cicatrización y mejorar la calidad del tejido regenerado.

El producto utiliza exosomas obtenidos de células madre mesenquimales. Estas pequeñas estructuras transportan información prorregenerativa y antiinflamatoria, pero no contienen una célula completa. El objetivo es estimular los mecanismos naturales del organismo y reducir algunos de los riesgos asociados con las terapias celulares.

Una historia que se convirtió en vocación

El origen del proyecto está estrechamente relacionado con la historia de su padre, José María, quien atravesó durante 14 años un cáncer. Las reiteradas operaciones debilitaron progresivamente su piel y provocaron que sus heridas tuvieran cada vez más dificultades para cerrar.

Esa experiencia motivó a Amondarain a estudiar Genética en la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente realizó su doctorado en el Instituto Fleni junto con el CONICET, donde comenzó a trabajar en la bioimpresión de parches funcionales para medicina regenerativa.

Heridas complejas y difíciles de cicatrizar

El parche fue pensado principalmente para lesiones graves o de cicatrización lenta, como úlceras, escaras, quemaduras y heridas asociadas al pie diabético. También se estudia su posible aplicación en enfermedades como la epidermólisis ampollosa, conocida como “piel de cristal” o “piel de mariposa”.

Según explicó la genetista, los resultados preclínicos obtenidos hasta el momento mostraron que el tratamiento podría reducir a la mitad el tiempo de cierre de determinadas heridas. También se observó una regeneración de mejor calidad, incluyendo la recuperación de folículos pilosos en las zonas tratadas.

Todavía no está disponible

Pese a los resultados alentadores, el producto aún no puede utilizarse en pacientes. El equipo ya realizó evaluaciones en células y animales pequeños, pero todavía debe avanzar con animales de mayor tamaño antes de iniciar los correspondientes ensayos en seres humanos.

El proyecto dio origen a Vesicly, una startup biotecnológica instalada en el Parque de Innovación de Buenos Aires. Amondarain trabaja junto con Carlos Luzzani, quien fue su director de tesis y actualmente es su socio.

La científica también obtuvo una Beca Draper tras participar en un programa internacional de innovación en México. Ahora busca nuevas conexiones y financiamiento que permitan continuar las investigaciones, completar las instancias regulatorias y acercar el desarrollo a los pacientes.

Amondarain aseguró que su intención es mantener la base del proyecto en el país y hacerlo crecer desde la Argentina. Su historia refleja el potencial de una generación de científicos capaces de transformar una experiencia personal en una propuesta que podría mejorar la calidad de vida de miles de personas.

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