La Mona Jiménez jugó al fútbol hasta los 17 años: el ultimátum que lo convirtió en leyenda
Un técnico lo obligó a elegir entre el fútbol y la música. Eligió cantar. Hoy, a los 75 años, convoca 20.000 personas cada fin de semana.
Por Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología3 min de lectura
Un técnico lo paró en seco después de un golazo y le dio diez segundos para decidir su vida. Juan Carlos Jiménez Rufino, La Mona, eligió el micrófono. El fútbol argentino perdió un delantero suplente. El mundo ganó una leyenda del cuarteto.
El chico que llegaba tarde a los partidos
Antes de los bailes nocturnos y los estadios llenos, La Mona era un pibe de barrio Luz y Fuerza que intentaba conciliar dos mundos incompatibles. A los 15 años jugaba en el Club Atlético Bella Vista —en la cuarta especial, como suplente del delantero titular José Luis Saldaño— mientras, los viernes a la noche, tocaba con el Cuarteto Berna hasta el amanecer.
El problema era simple y brutal: si el partido caía en sábado, llegaba corriendo desde el baile, se cambiaba mientras el juego ya había empezado y rezaba para que el técnico no lo bajara del banco. "Me comía grandes cagadas a pedos del director técnico", recordó según su relato en el libro La palabra hecha pelota, de Alejandro Duchini.
Lo que el entrenador no sabía —hasta ese día— era que su delantero era cantante.
El gol que selló un destino
Bella Vista perdía 1-0 ante 9 de Julio en Villa Páez. Saldaño se torció el pie. La Mona entró a nueve minutos del final. Un centro desde la izquierda, una corrida, un remate al ángulo: 1-1.
"Creo que ese gol lo puede hacer Messi, Maradona y La Mona de pedo", confesó el propio Jiménez en diálogo con el periodista Jorge Cuadrado para Telenoche. El golazo fue real. La consecuencia, también.
Octavio Bevilacqua —presente en la cancha— felicitó al goleador. El técnico se acercó a preguntarle si era su padre. La respuesta lo cambió todo: "No, soy el papá del Pibe de Oro, de Berna Bevilacqua. Y él es el cantante". El DT giró hacia La Mona y fue directo: elegí el fútbol o la música, porque yo te estoy bancando pero no te voy a bancar más.
La elección que nadie lamentó
La Mona eligió cantar. No volvió a pisar la cancha de Bella Vista. Nunca más.
Ni la muerte de su padre, cuatro meses después —que dejó vacante un puesto en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba—, torció esa decisión. Le cedió el empleo a su hermano menor Guillermo y siguió adelante. "Si hubiese entrado a EPEC, sería un jubilado. Hoy nadie me jubila. Me jubilaré cuando yo quiera", dijo según el libro de Duchini.
Los primeros dos años tocó gratis. Recién en el tercero empezaron a cobrar, y poco. Hoy, a los 75 años, acumula más de 1.000 canciones, decenas de discos de oro, platino y doble platino, y convoca a cerca de 20.000 personas cada fin de semana.
El vínculo que nunca se cortó del todo
El fútbol nunca desapareció del todo. En junio pasado visitó la concentración de la selección argentina en Kansas City, en la previa al debut en la Copa del Mundo ante Argelia, donde fue sorprendido por los cordobeses Julián Álvarez y Nahuel Molina durante una entrevista con AFA Estudio, según relata Infobae Deportes.
Su ídolo es Mario Alberto Kempes. Su club del corazón, Belgrano, aunque hoy dice ser hincha de los cuatro grandes de Córdoba: Belgrano, Talleres, Instituto y Racing. "Los pibes me cambian la mentalidad", explicó.
A los 17 años, un técnico le dio un ultimátum. La Mona tomó la decisión correcta. La pregunta es cuántas veces, en la vida de una persona, una sola elección lo define todo.






