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Italia 90, el penal de Codesal y las lágrimas de Diego: ¿la historia se repitió 36 años después?

El 8 de julio de 1990, Argentina perdía la final del Mundial de Italia ante Alemania por un penal que nunca existió. Maradona lloraba en la cancha y en zona mixta ya hablaba de arbitraje arreglado y dudaba sobre su futuro en la Selección. 36 años después, Argentina volvió a perder una final en medio de una catarata de polémicas que hacen resonar aquellas palabras de otra manera.

Por Neidi Bruscella
4 min de lectura
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Captura de video de Fox Sport de entrevista a Maradona. Imagen mejorada con IA
Imagen generada con IA

El 8 de julio de 1990, en el Estadio Olímpico de Roma, Argentina y Alemania disputaron la final del Mundial de Italia. El partido fue tenso, trabado y con pocas ocasiones de gol. En el minuto 85, el árbitro mexicano Edgardo Codesal cobró un penal a favor de Alemania por una supuesta falta de Roberto Sensini sobre Rudi Völler. Las imágenes mostraron que el contacto fue mínimo, que Völler buscó el contacto y que la decisión fue, cuanto menos, dudosa. Andreas Brehme convirtió desde los doce pasos y Alemania se consagró campeona del mundo.

Maradona no pudo contener las lágrimas. Las cámaras captaron al capitán argentino llorando en la cancha mientras los alemanes festejaban, en una de las imágenes más icónicas y dolorosas de la historia del fútbol argentino. No era solo la derrota lo que lo quebraba. Era la sensación de que algo había ocurrido fuera de su control, que la final no había sido libre.

En zona mixta, Diego no se guardó nada. Apuntó directamente al arbitraje y sembró las primeras dudas sobre su continuidad en la Selección. "Nos robaron", fue la frase que quedó para la historia. Para Maradona, el penal de Codesal no fue un error arbitral sino una decisión tomada de antemano. Muy pocos lo escucharon entonces con la misma atención con la que se escuchan esas palabras hoy.

36 años después, el 19 de julio de 2026, Argentina volvió a perder una final del mundo. Esta vez ante España en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Esta vez el árbitro fue el esloveno Slavko Vincic. Esta vez la polémica central no fue un penal inexistente sino la expulsión de Enzo Fernández por una doble amarilla que Scaloni calificó de excesiva y que dejó a Argentina con diez hombres en el momento más decisivo del encuentro.

Pero las similitudes no terminaron ahí. Al igual que en Italia 90, las semanas posteriores a la final estuvieron cargadas de teorías, denuncias y preguntas sin respuesta. El Group of Copenhagen detectó alertas en dos partidos de España durante la fase de grupos. Vincic anunció su retiro del arbitraje una semana después de la final. El IFAB reconoció que la expulsión de Breel Embolo ante Argentina en cuartos había sido incorrecta. Y desde adentro del plantel comenzaron a circular versiones sobre presiones que los jugadores no podían hacer públicas.

Maradona en Italia 90 y la Scaloneta en 2026 comparten algo más que una final perdida. Comparten la sensación colectiva de que el resultado no reflejó lo que ocurrió en la cancha. Que hubo fuerzas operando desde afuera. Que alguien tomó decisiones que no debía tomar. En 1990 esa sensación quedó en el relato oral, en las lágrimas de Diego y en una frase que muy pocos tomaron en serio. En 2026, esa misma sensación tiene millones de publicaciones, teorías documentadas y organismos internacionales que presentaron alertas formales.

La historia no se repite exactamente igual. Pero rima con una precisión que resulta difícil de ignorar. El penal de Codesal y las polémicas de Vincic están separados por 36 años, dos generaciones de futbolistas y dos mundos completamente distintos. Sin embargo, la pregunta que dejaron es exactamente la misma: ¿fue todo lo que vimos realmente lo que pasó?

Lo que está claro es que el fútbol argentino tiene una relación particular con las finales del mundo perdidas en medio de la controversia. Italia 90 tardó décadas en ser revisada con la profundidad que merecía. El Mundial 2026 ya está siendo analizado con una intensidad sin precedentes, en tiempo real, con herramientas que Maradona nunca tuvo. Si las conclusiones van a ser las mismas o diferentes, es algo que el tiempo dirá.

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