El condado que financió sus escuelas con datos: el modelo que el resto de EE.UU. teme replicar
Loudoun County, Virginia, convirtió 250 data centers en prosperidad fiscal. Ahora es el espejo de lo que viene —y de lo que duele— para toda América.
Por Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología4 min de lectura
La infraestructura que nadie vio venir
Mientras la mayoría de los condados peleaba por atraer fábricas o retailers, Loudoun County construyó silenciosamente la columna vertebral digital del planeta. Hoy, más del 70% del tráfico de internet global pasa —o pasó— por sus 515 millas cuadradas en Virginia.
El resultado es difícil de ignorar: 22 escuelas públicas nuevas en 15 años, una tasa de impuesto inmobiliario que cayó de $1,29 a $0,80 por cada $100 de valuación desde 2008, y en 2024, ingresos fiscales solo de data centers que superaron el presupuesto operativo del condado en 35 millones de dólares, según reporta The Verge.
Buddy Rizer: el DJ que llenó los edificios vacíos
Detrás de ese boom hay una figura improbable. Buddy Rizer, ex DJ de radio, llegó al área de desarrollo económico de Loudoun justo cuando la burbuja inmobiliaria estallaba. El 80% de los ingresos del condado dependía del sector residencial. La meta era discreta: subir el componente comercial del 19% al 23%. Hoy ese componente supera el 50%.
La clave fue ver oportunidad donde otros veían escombros. Tras la debacle del dot-com, AOL —entonces el mayor proveedor de internet de EE.UU.— había dejado edificios vacíos y kilómetros de fibra óptica enterrada. Rizer los convirtió en el pitch perfecto para los primeros data centers: infraestructura lista, tierra disponible, cercanía a Washington y una empresa eléctrica local capaz de responder.
"Pensé: si podemos llenar esos edificios, sería un buen comienzo", recuerda Rizer, citado por The Verge. Hoy Loudoun alberga cerca de 250 data centers, la concentración más densa del mundo.
El costo que llega después
Durante años, los residentes apenas notaban lo que ocurría. Veían construcción en las rutas principales, pagaban menos impuestos y mandaban a sus hijos a escuelas nuevas. Nadie preguntaba demasiado.
Eso cambió. El despliegue masivo de IA generativa aceleró la demanda de infraestructura de cómputo a niveles sin precedente —y con eso, llegaron el ruido constante desde los decks de las casas, las torres de transmisión sobre espacios verdes y llamadas sorpresa de la empresa eléctrica avisando que una torre podría levantarse en el jardín de alguien.
La oposición ya no es local: en todo EE.UU. hay cerca de 3.000 data centers operativos y 1.500 más en desarrollo, según un análisis de Pew Research Center de abril. Nueva York y Texas frenaron nuevos proyectos preocupados por la presión sobre sus redes eléctricas. En al menos un caso en Indianapolis, un funcionario que apoyó un data center fue víctima de un ataque violento.
"Nunca vi, en toda mi carrera, el nivel de odio asociado a esto", admite Rizer, quien suma $70 mil millones en deals concretados y dice que siempre hubo oposición, pero nunca así.
El canario en la mina
Los propios residentes de Loudoun le pusieron nombre a su rol: son el canario en la mina de carbón del desarrollo de data centers. Lo que vivieron en los últimos 20 años es el guión que el resto del país está por atravesar.
Incluso Rizer, apodado el "padrino de los data centers", reconoce el límite: "No queremos más data centers aquí, pero queremos que los que están sean exitosos y sigan contribuyendo a la comunidad". El problema es que nuevos proyectos llegan igual, sin que él pueda detenerlos.
La pregunta que Loudoun deja abierta para cualquier municipio —en EE.UU. o en América Latina— que hoy evalúa atraer este tipo de inversión: ¿cuánta prosperidad fiscal justifica cuánta transformación del territorio? Nadie tiene aún la respuesta. Loudoun solo muestra adónde lleva el camino.






