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Sociedad

El cargador que dejás enchufado puede incendiarse: los riesgos reales que ignorás

Dejar cargadores conectados sin dispositivo genera consumo fantasma, sobrecalentamiento y riesgo de incendio. Un experto explica cuánto cuesta esa costumbre.

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Imagen: El cargador que dejás enchufado puede incendiarse: los riesgos reales que ignorás
Foto: Infobae Tecno

Parece inofensivo. Pero ese cargador que dejás enchufado después de retirar el celular sigue consumiendo energía, acumulando calor y —en el peor escenario— puede convertirse en el origen de un incendio doméstico.

Así lo advierte Glen Farivar, profesor de Electrónica de Potencia en la Universidad de Melbourne: "El cargador puede empezar a humear, derretirse o incluso prenderse fuego". No es alarmismo: es física aplicada a un hábito cotidiano que millones de personas repiten sin pensarlo.

El consumo que no ves pero pagás

Cada cargador conectado sin dispositivo extrae electricidad de la red en lo que se denomina "consumo en espera". Individualmente, el impacto parece mínimo. Multiplicado por todos los dispositivos de un hogar —y proyectado a escala global—, el efecto sobre la factura eléctrica y la demanda energética es concreto y medible.

Ese consumo acumulado también obliga a las centrales a generar más electricidad, lo que implica mayor uso de combustibles fósiles y aumento de emisiones de carbono. Desenchufar un cargador es, literalmente, un gesto con impacto ambiental real.

El riesgo que sí puede hacerte daño

El sobrecalentamiento es el mecanismo central de riesgo. La acumulación de calor daña componentes internos como los capacitores, reduce la vida útil del cargador y eleva la probabilidad de fallo. Ante picos de voltaje —por tormentas eléctricas o problemas en la red—, un cargador conectado sin supervisión puede convertirse en un foco de incendio.

Los modelos antiguos o con daños visibles amplifican el peligro: sus sistemas de protección se degradan con el tiempo. Y hay un riesgo adicional que se subestima: en hogares con niños o mascotas, los cables conectados son un vector de accidente —descargas eléctricas, mordeduras, tropiezos.

Como señala el portal educativo EEekenya, los cargadores que se sobrecalientan pueden liberar compuestos orgánicos volátiles (COV) desde el plástico, con potencial impacto en la calidad del aire interior y la salud respiratoria.

Qué hacer (y qué no creer)

La solución es tan simple como el problema: desenchufar cuando no se usa. Complementariamente, usar protectores contra sobretensiones agrega una capa de seguridad frente a fluctuaciones de red.

Una creencia muy extendida es que los cargadores modernos están diseñados para quedar conectados indefinidamente sin riesgo. Es falsa: aunque incluyen protecciones, no son inmunes a picos de tensión ni al sobrecalentamiento prolongado.

La otra trampa mental es pensar que "un solo cargador no cambia nada". Cierto —para uno. Pero la suma de millones de cargadores conectados en simultáneo tiene efectos tangibles sobre el consumo energético global.

La pregunta no es si el riesgo es alto o bajo. Es si vale la pena asumir ese riesgo —eléctrico, económico y ambiental— por no hacer nada.

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