El 94% de las operaciones cripto en Argentina terminan en stablecoins: qué saben hacer con ellas y qué riesgos ignoran
Argentina lidera el mundo en adopción de stablecoins: 94 de cada 100 pesos que van a cripto terminan en dólares digitales. Siete usos concretos y tres riesgos…
Por Ariel Serato · Cofundador y editor de IA y Tecnología6 min de lectura
El argentino promedio no compra cripto: compra dólares digitales. Y lo hace con una consistencia que no tiene par en el mundo.
Según un estudio del fondo a16z crypto sobre datos de Artemis —con una ventana de doce meses cerrada el 31 de julio de 2026—, el 94,3% de las operaciones cripto en Argentina terminan en stablecoins, monedas digitales atadas al valor del dólar. El dato ubica al peso argentino en el primer lugar del ranking global, por encima del peso mexicano (84,4%), el real brasileño (74,9%) y a una distancia abismal del yen japonés (0,3%).
Lo que hace este número verdaderamente significativo no es su magnitud, sino su resiliencia: la adopción se sostuvo incluso después de que la inflación mensual cayera desde el pico de 25,5% hasta el 2,1% registrado por el INDEC en julio de 2026, y después de que en abril de 2025 se levantaran las restricciones cambiarias. Las dos razones de emergencia que explicaban el fenómeno se debilitaron. La conducta no.
Qué es una stablecoin y por qué no es lo mismo que bitcoin
Una stablecoin es una criptomoneda diseñada para valer siempre un dólar. Para sostener esa paridad, el emisor mantiene reservas —en general letras del Tesoro estadounidense y depósitos bancarios— que respaldan cada unidad en circulación. Las dos dominantes son USDT, de Tether, y USDC, de Circle, que juntas concentran el 88,6% de un mercado que al 31 de agosto de 2026 roza los 290.400 millones de dólares.
Bitcoin es volátil por diseño. Las stablecoins están pensadas para no moverse, y su valor no está en el precio sino en la infraestructura: se transfieren las 24 horas los 7 días de la semana, sin bancos corresponsales, sin horario bancario, y pueden guardarse en autocustodia —una billetera cuyas claves controla el usuario, sin intermediarios—. Son, en esencia, dólares al portador que viven en una red.
Los siete usos que ya están pasando
1. Dolarización con liquidez inmediata. El más obvio y el que explica la mayor parte del 94,3%. Comprar USDT o USDC convierte pesos en un activo denominado en dólares sin necesidad de cuenta bancaria en moneda extranjera, y con la ventaja de poder mover ese saldo a cualquier hora. El riesgo que cubre incluye también un eventual salto cambiario, no solo inflación.
2. Cobrar ingresos del exterior. Quienes trabajan para empresas extranjeras o facturan a clientes internacionales pueden recibir USDC directamente en una billetera, con menos intermediarios —y menos comisiones— en el camino. Además, permite separar dos decisiones que en el circuito bancario vienen pegadas: dónde cobrás y cuándo convertís.
3. Enviar dinero al exterior. Una transferencia bancaria internacional implica bancos corresponsales, horarios de corte y comisiones. Una stablecoin va de billetera a billetera a través de la red. La advertencia es real: el costo final depende de la red utilizada y de los canales de entrada y salida.
4. Pagar cuando viajás. Existen tarjetas internacionales fondeadas con stablecoins. La diferencia concreta: al momento de elaborarse el análisis, el dólar tarjeta operaba en 1.995,50 pesos mientras el dólar cripto rondaba los 1.597 pesos.
5. Transferencias entre personas. La venta de un auto en USDC, una remesa familiar, la liquidación de una deuda entre socios. Para montos chicos, la simplicidad operativa supera con claridad al circuito bancario, sin que eso exima de las obligaciones impositivas correspondientes.
6. Liquidez defensiva dentro del ecosistema cripto. Para quienes ya operan criptomonedas, la stablecoin funciona como la posición de efectivo del portafolio. En lugar de salir al circuito bancario cada vez que se quiere reducir exposición, el inversor mueve parte de la cartera a stablecoins y vuelve a entrar cuando la lectura cambia.
7. Rendimiento sobre dólares digitales. Acá empieza la zona de mayor riesgo. Las stablecoins pueden prestarse en protocolos DeFi, colocarse en fondos de liquidez o depositarse en plataformas que ofrecen tasas anuales del 8%, 10% o 15% en dólares. La pregunta obligada antes de cualquier operación: de dónde sale ese rendimiento y qué riesgo implica. Una stablecoin no es un bono del Tesoro ni un depósito bancario con garantía: hay riesgo de crédito, de contraparte, de liquidez, de contrato inteligente y de cambio regulatorio.
Tres cosas que hay que mirar antes de entrar
El precio de entrada. Al momento del análisis, el dólar cripto operaba en torno a los 1.597 pesos contra los 1.535 del dólar oficial: una prima de aproximadamente 4% que representa el costo real de esa infraestructura. Quien entra y sale frecuentemente asume ese spread en cada operación.
El riesgo de la moneda en sí. En marzo de 2023, cuando quebró el Silicon Valley Bank, el USDC llegó a operar por debajo de los 87 centavos porque Circle tenía allí 3.300 millones de dólares —alrededor del 8% de sus reservas totales—. La paridad se recuperó en días, pero el episodio dejó en claro que una stablecoin vale lo que valen sus reservas y lo que resiste la institución que las custodia.
Dónde operás. En Argentina, los proveedores de servicios de activos virtuales deben estar inscriptos en el registro que creó la Comisión Nacional de Valores en marzo de 2024. Quien no figura en ese registro no puede operar legalmente en el país.
Las stablecoins resolvieron el problema de circulación del dólar —el que el sistema financiero argentino nunca terminó de resolver— y dejaron intacto el de su rendimiento, que sigue dependiendo de qué hacés con esos dólares una vez que los tenés. Ese 4% de prima es lo que el ahorrista argentino está dispuesto a pagar por un dólar que se mueve las 24 horas. La pregunta que queda abierta: a medida que el sistema financiero tradicional se modernice, ¿seguirá valiendo la pena pagar ese precio?

