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IA y Tecnología

El 90% de las empresas no tiene plan contra el daño silencioso que la IA ya hace en sus equipos

Un estudio de BCG con 70 altos ejecutivos revela que la IA erosiona el juicio, la creatividad y la formación de talento, y casi nadie lo está midiendo.

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Imagen: El 90% de las empresas no tiene plan contra el daño silencioso que la IA ya hace en sus equipos
Foto: Infobae Tecno

La IA está aumentando la productividad. Y al mismo tiempo, está vaciando las habilidades que hacen funcionar a las organizaciones. Esa contradicción ya la ven los propios líderes, y casi ninguno tiene un plan para resolverla.

Un estudio del Boston Consulting Group publicado en junio, basado en entrevistas a 70 altos ejecutivos de múltiples industrias, expone una brecha que pocos quieren admitir: más del 60% de los líderes considera que la pérdida de habilidades humanas será una amenaza material para su negocio en los próximos tres a cinco años. Pero solo una de cada diez empresas tiene una estrategia concreta para enfrentarla. Un tercio ni siquiera discutió el tema.

El activo que nadie contabiliza

BCG acuñó el término distributed de-skilling —pérdida distribuida de habilidades— para describir lo que ocurre cuando el deterioro cognitivo no es individual sino colectivo: cientos o miles de empleados dejando de ejercitar el pensamiento crítico al mismo tiempo, sin que la empresa lo registre en ningún tablero de gestión.

Las cinco capacidades que los investigadores identifican como más críticas para el rendimiento de largo plazo —juicio y toma de decisiones, comprensión y planteo de problemas, pensamiento creativo, análisis causal y generación de soluciones— son exactamente las más expuestas. De todas ellas, el juicio aparece como la de mayor riesgo.

El mecanismo es simple y letal: casi el 90% de los encuestados cita como primer síntoma la aceptación de respuestas de la IA sin cuestionarlas. "Los equipos tratan lo que genera la máquina como suficientemente bueno y se saltan el paso del pensamiento crítico", describió uno de los líderes citados en el informe.

De la eficiencia al piloto automático

El paso siguiente es más estructural. Más de la mitad de los ejecutivos observa una caída del sentido de responsabilidad sobre los resultados: cuando nadie interroga lo que produce la máquina, nadie asume el error. "Si el resultado no es positivo, la responsabilidad se le carga a la IA", admitió otro de los entrevistados.

A nivel colectivo, el 49% percibe menos diversidad de pensamiento en sus equipos y el 43% registra menos debates constructivos. La causa es estructural: cuando todos usan las mismas herramientas entrenadas con los mismos datos, las respuestas convergen. La empresa que compró IA para diferenciarse termina pensando igual que su competencia.

El talento junior, en riesgo sistémico

El dato más grave del informe apunta a la formación. El 53% de los líderes observa un desarrollo más lento del talento junior: la IA absorbió exactamente las tareas —investigación, borradores, depuración de código— con las que las generaciones anteriores construyeron criterio.

El resultado es una exigencia imposible: un ejecutivo admite que el empleado de nivel inicial "va a tener que ejecutar tareas de alguien con cinco a diez años de experiencia", sin haber tenido el recorrido que antes construía esa capacidad. El 33% también observa un declive en la mentoría: los empleados consultan al modelo de lenguaje en lugar de preguntarle a un colega con trayectoria.

Las intervenciones existen. No se aplican.

El mismo estudio documenta a la minoría que ya actuó. Shell rediseñó sus flujos de trabajo para que los empleados junior planteen el problema y produzcan un análisis base por su cuenta antes de usar IA. Los primeros resultados, según BCG, muestran mejores preguntas, decisiones más fundamentadas y avance más rápido hacia el trabajo independiente.

La autoridad francesa de protección de datos CNIL evalúa a sus empleados no solo por su capacidad de usar herramientas de IA, sino también por su habilidad para cuestionar críticamente los resultados. Un banco de primera línea en India reserva el primer viernes de cada mes para una sesión estructurada sin IA.

Ninguna de esas medidas requiere presupuesto extraordinario ni tecnología nueva. Son decisiones de diseño organizacional.

Lo que hace elocuente la cifra del 90% es exactamente eso: las soluciones están documentadas, son accesibles y funcionan. La mayoría de las empresas simplemente eligió no implementarlas.

Miden licencias desplegadas, horas ahorradas y productividad por empleado. La capacidad de juicio que se erosiona mientras tanto no figura en ningún tablero. Y como todo activo que nunca se contabilizó, su precio solo se va a descubrir el día que haga falta usarlo.

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