Conmoción en Colombia: el presidente lideró el rescate.
Tras el peor terremoto en 25 años, ya son 132 los muertos y la cifra sigue en aumento.

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, enfrentó el primer gran desafío de su gobierno apenas tres días después de haber asumido el cargo: un terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente del país el lunes 10 de agosto, con epicentro en el departamento del Chocó, y que las autoridades ya califican como la peor tragedia de este tipo que vive Colombia en los últimos 25 años.
Tras conocerse la magnitud del desastre, el mandatario declaró el desastre de carácter nacional, una medida que le permite al Gobierno central movilizar recursos de forma extraordinaria y ordenar a alcaldes y gobernadores que reporten la situación directamente a su jefe de despacho, Nicolás Gómez.
De la Espriella no coordinó la respuesta solo desde Bogotá: viajó personalmente a Quibdó, capital del Chocó y zona cercana al epicentro, y desde allí se trasladó a Cali, en el Valle del Cauca, una de las ciudades más golpeadas. Allí se reunió con la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, y el alcalde de Cali, Alejandro Éder, quienes le solicitaron el envío urgente de equipos de rescate.
En respuesta a ese pedido, el mandatario confirmó el despliegue de 228 rescatistas junto con equipos caninos especializados en búsqueda, además de 105 ingenieros militares encargados de evaluar la estabilidad de los edificios afectados. En paralelo, el vicepresidente José Manuel Restrepo se trasladó al departamento de Caldas para atender la emergencia en esa zona del Eje Cafetero.
Desde un Puesto de Mando Unificado (PMU) instalado en Bogotá, De la Espriella asumió también la tarea de informar personalmente a la ciudadanía, con la promesa de entregar un nuevo balance cada dos o tres horas. El primer reporte oficial, con corte a las 12:30 del mediodía, daba cuenta de 111 personas fallecidas y 87 heridas, junto con 1.575 viviendas averiadas, 37 viviendas completamente destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud afectados, 52 centros educativos dañados, 17 centros comunitarios afectados, 18 vías averiadas y 6 aeropuertos con problemas operativos.
Horas más tarde, ya entrada la noche del lunes, los números continuaron en aumento. Específicamente en Cali, el presidente reportó 35 fallecidos, cerca de 700 heridos y 188 personas desaparecidas, además de unas 5.000 viviendas destruidas o afectadas solo en esa ciudad. Para la mañana de este martes 11 de agosto, el balance nacional preliminar ya se ubicaba en 132 muertos y 570 heridos, aunque la distribución por ciudad todavía variaba según la fuente: un reporte oficial situaba a Pereira, en Risaralda, como la ciudad con más víctimas fatales (60), seguida por Cali y Quibdó, esta última con al menos 8 muertos y 4 menores desaparecidos tras el colapso de un colegio.
En medio de la emergencia, De la Espriella reconoció además que se registraron saqueos y problemas de orden público en algunas de las zonas afectadas, por lo que anunció el traslado de personal uniformado adicional para resguardar la seguridad.
El mandatario aseguró que la prioridad sigue siendo el rescate de personas atrapadas y que "el Gobierno nacional no abandonará" a los damnificados, mientras los equipos de búsqueda continúan trabajando contra reloj dentro de las primeras 72 horas, consideradas críticas para encontrar sobrevivientes.


